Como acabamos de ver en los anteriores capítulos, cada creencia
espiritual trata a las enfermedades a su manera: después de deducir en su sueño
particular su origen, las presentan como si fueran cualquier otro elemento de
sus realidades virtuales espirituales. Recordemos
el concepto sobre el origen de las enfermedades que se tiene en las religiones
derivadas de las enseñanzas bíblicas, donde se afirma que la enfermedad es
consecuencia del pecado original de nuestros primeros padres.
Los creyentes en la reencarnación tampoco se quedan mancos a la hora
de inventarse el porqué de las enfermedades.
Nos dicen que son consecuencia de nuestro mal Karma, originado por la
suma de nuestras malas acciones a lo largo de nuestras innumerables vidas, que
nos las debimos pasar dándonos a la gran vida sin pensar demasiado en las
consecuencias.
Y para alcanzar la salud, según nos dicen unas u otras creencias,
hemos de sufrir alguna especie de expiación sanadora, pasando por una
obligada práctica de la virtud, sanadora también.
Así purgamos nuestros pecados, según las creencias bíblicas, y, por
la gracia de dios, nos librarnos de las terribles consecuencias enfermizas del
pecado original. Y, según la
teoría de la reencarnación, con la práctica de las virtudes nos curamos de
las consecuencias de nuestras malas vidas pasadas, compensando en ésta los
excesos que realizamos en las otras. Así
sanamos nuestro karma, reduciendo los números rojos de la deuda que tenemos
con la vida, según ellos, claro está.
Mas nuestras enfermedades no solamente pueden ser consecuencia del
karma según la teoría de la reencarnación, también pueden ser debidas a
traumas heredados de otras vidas. Si
está demostrado que los traumas de la infancia nos afectan a lo largo de
nuestra vida, ¿cómo no nos iban a afectar los de las vidas pasadas?
Y, de la misma forma que el psicólogo se esfuerza por revivir los
traumas de la infancia de sus pacientes para sanarlos, los psicoterapeutas de
la reencarnación, a través de la hipnosis, se esfuerzan también por revivir
los traumas de otras vidas de sus pacientes para sanarlos.
Por supuesto que semejante terapia no es científica ni está aceptada
oficialmente por la psicología, a pesar de que en algunos países se estudie
en las universidades. Muchos psicólogos,
profesionales de la hipnosis, creen que las regresiones a otras vidas son
imaginaciones inducidas tanto por el paciente como por el psicoterapeuta.
Aun así, las regresiones a vidas pasadas se están haciendo muy
populares, no sólo para efectuar sanaciones, sino como investigación de
nuestro supuesto pasado prenatal. La
teoría de la reencarnación ha dado respuestas, más o menos convincentes, a
muchas de las preguntas sobre nuestra existencia.
Pero también, como suele suceder, nos ha traído nuevas preguntas que
somos incapaces de responder.
Yo, como tengo por costumbre, discrepo; y no creo que la teoría de la
reencarnación nos muestre exactamente lo que realmente sucede con las almas
de los mortales. La transmigración
de las almas (al igual que el acabar en un cielo o en un infierno) no creo que
sea otra cosa que producto de viejas realidades virtuales espirituales.
Ya en civilizaciones antiguas se creía en la transmigración de las
almas, sin ponerse muy de acuerdo en el lugar de dónde venimos, ni a dónde
vamos, ni en qué nos reencarnamos después de la muerte cuando se asegura que
volvemos a este mundo; pues unos dicen que nos vamos a mundos más sutiles,
otros que pasamos a animales, o incluso a plantas.
La teoría más aceptada actualmente es que nos volvemos a reencarnar
en otras personas.
Como venimos deduciendo, las realidades virtuales espirituales
escenifican profundas fuerzas de nuestro inconsciente colectivo.
No son vanas fantasías sin justificación alguna, sino que nos
muestran facetas de nuestras profundidades de diferentes formas, como si se
tratara de diferentes tipos de sueños que nos muestran mensajes psicológicos
semejantes. Cuando dormimos,
nuestro subconsciente puede escenificarnos mediante sueños distintos una
misma vivencia psicológica. Si
somos capaces de descifrar su mensaje onírico, habremos obtenido un resultado
eminentemente práctico de unos sueños.
Las realidades virtuales espirituales, aunque sean muy diferentes entre
sí, nos muestran semejantes aspectos de nuestras profundidades.
Llegar a interpretar los mensajes que nos transmiten, intentar
descifrar su sentido profundo es uno de los empeños de este estudio.
La trasmigración de las almas que proclaman muchas creencias pone de
manifiesto un anhelo intemporal del hombre, una soñada infinitud de nuestra
existencia, un revelarse ancestral contra la fatalidad de la muerte.
La infinitud temporal es reivindicada tan a menudo, y de tan diversas
formas, en los caminos espirituales, que todo parece indicar que nos pertenece
por derecho propio. En mi opinión,
las creencias que proclaman nuestra naturaleza eterna, no lo hacen únicamente
por huir del miedo a la muerte, por pretender zafarse de nuestro terrible
final corporal, como muchas personas incrédulas en el más allá afirman.
Son tan insistentes los sueños esotéricos de eternidad en los caminos
espirituales, que no cabe duda de que algo muy importante nos están mostrando
sobre nosotros, todavía desconocido.
El ser humano no ha cesado nunca de imaginar, de soñar y de creerse,
la eternidad de su vida de multitud de formas.
Conocemos muchos sueños de eternidad, pero no conocemos nuestra
realidad eterna. En las
realidades virtuales espirituales nos encontramos con muy variadas
escenificaciones de nuestra naturaleza profunda, creencias diversas con tal
grado de contradicciones que nos resulta muy difícil descifrar la auténtica
realidad que las origina. Pero,
aun así, lo seguiremos intentando.
Podemos continuar nuestras investigaciones estudiando la influencia de
las realidades virtuales espirituales en nuestra vida material.
Ya sabemos que según sean tratadas por las fantasías esotéricas las
fuerzas esenciales que las originan, se obtendrán de ellas unos u otros
resultados prácticos, todo depende de la realidad virtual espiritual donde el
creyente deposite su fe. Recordemos
como el ejemplo más significativo a los milagros, muestras físicas
indiscutibles para el creyente de que su fe está más que justificada.
La creencia en la reencarnación también produce resultados
eminentemente prácticos: los efectos sanadores de las regresiones a otras
vidas son indudables para el creyente en la reencarnación, y muy valiosos
para comprender su vida actual: consecuencia de sus supuestas vidas
anteriores. Estas terapias son
semejantes al psicoanálisis de los sueños, con la diferencia de que el
creyente en la reencarnación no considera sueños las visiones que obtiene de
sus vidas anteriores.
No vamos a entrar en detalles sobre las particularidades de la
reencarnación, existe abundante literatura sobre ello para todo aquel que
desee introducirse en el hipotético pasado que nos brinda.
En lo que sí vamos a centrarnos ―como
tenemos por costumbre― es en los aspectos fraudulentos de está realidad
virtual espiritual. Como en
cualquier otra fantasía esotérica, la principal trampa en la que podemos
caer es en creer en ella ciegamente, en no considerarla como lo que es: un sueño
espiritual, una escenificación de nuestras fuerzas y circunstancias ocultas.
Cuando comencé a iniciarme en el conocimiento de está filosofía quedé
fascinado por ella, pues nos ofrece ―como toda realidad virtual
espiritual― una visión muy convincente de nuestro supuesto existir
antes de nacer y después de morir. Todo
parecía encajar, mi vida era resultado de mis otras vidas pasadas, en mis
regresiones pude contemplarme en otras vidas, y encontré explicación para
las circunstancias de mi vida actual. Tan
fascinante me resultaba aquello que puse en marcha todo mi espíritu
investigador. Era necesario
afianzar lo descubierto con toda mi capacidad de indagación experimental, no
porque lo pusiera en duda, sino porque mi mentalidad siempre me ha exigido una
comprobación rigurosa del grado de ilusión o de realidad de lo descubierto.
Y
bien es cierto que no es buena idea ponerse a investigar con cierto espíritu
científico a las realidades virtuales espirituales cuando uno se encuentra a
gusto en ellas, pues acaban desmoronándose como castillos de naipes.
Siempre se le ha aconsejado al creyente que, si no quiere perder la fe,
deje a un lado la razón ante los misterios de las verdades reveladas.
Pero yo nunca pude evitarlo, y siempre fui de una realidad virtual a
otra esperando que alguna de ellas dejara de ser virtual y fuera real; mas
siempre, al final, acababa defraudado por el elevado grado de irrealidad de
estas creaciones de la mente humana.
Cuando
estudiemos los mensajes del más allá, base fundamental de las realidades
virtuales espirituales, veremos que son inducidos por impulsos psicológicos
no tan divinos ni tan reales como los considera el creyente en ellos.
Y en el caso de las regresiones a otras vidas sucede otro tanto.
Si el creyente en la reencarnación se empeña en demostrar que su
anterior vida sucedió de cierta manera, no cabe duda que todas sus
regresiones le hablarán de ella según él se la imagine.
Pero si observa fríamente los mensajes que le llegan de su hipotético
pasado prenatal, sin aferrarse a ellos ni pretender sellarlos como creencia
indudable, empezará a observar que no son otra cosa que explicaciones que
nuestra mente nos da para satisfacer nuestras ansias de explicarnos de dónde
venimos y a dónde vamos, películas de vidas pasadas que no son otra cosa que
sueños producidos por las circunstancias que vivimos en esta.
Con esto quiero decir (y siento discrepar con los creyentes en la
reencarnación) que ésta, nuestra vida presente, no es consecuencia de
nuestras pasadas vidas, sino que nuestras vidas pasadas, que nos muestran las
regresiones, son consecuencia de las circunstancias que vivimos en ésta.
Llegar a esta conclusión es muy sencillo: solamente es necesario
cambiar lo más posible las circunstancias de nuestra vida actual para
observar cómo cambian los mensajes que nos puedan llegar de nuestras vidas
pasadas.
Una
buena forma de comprobarlo es cambiando de secta o religión de creyentes en
la reencarnación, si es que ya estamos en alguno de estos grupos esotéricos;
de esta forma veremos como no solamente son nuestras circunstancias
individuales las que afectan a las películas que nos llegan de nuestras vidas
pasadas, sino que también el grupo cultural al que pertenezcamos influencia
sobre los mensajes de nuestro pasado remoto que nos puedan llegar; de la misma
forma que, si nuestras regresiones son asistidas, también se verán
influenciadas por la persona que nos esté ayudando.
Estas
influencias, ya sean nuestras o de los demás, crean y recrean nuestras vidas
pasadas. Creaciones al servicio,
en muchas ocasiones, de los intereses, instintos y pasiones más miserables
del hombre. Por lo tanto,
llegados a este punto, hemos de poner otra señal de peligro en nuestro paseo
por los caminos sectarios. La
cultura de la reencarnación, como cualquier otra cultura religiosa o esotérica
basada en una realidad virtual espiritual, puede convertirse en una peligrosa
trampa, donde oscuros intereses de grupo o individuales se disfrazan de
virtuosismos espirituales, engañando a los creyentes.
Veamos
unos ejemplos prácticos: si se pertenece a un grupo de creyentes en la
reencarnación, las noticias que nos lleguen sobre nuestras vidas pasadas, ya
sea a través de nuestras propias regresiones o de los mensajes que nos
transmitan los videntes del grupo, estarán influenciadas por las creencias
espirituales del grupo, es decir: si
en el grupo se practica algún tipo de chamanismo ―por ejemplo―
sus miembros serán indios reencarnados de antiguas tribus, importantes brujos
de otras épocas que han venido a esta vida para volver a reunirse y volver a
intentar salvar al mundo, ya que se conoce que antes no lo consiguieron.
Esto, como se podrá comprender, afianza más los lazos de hermandad
sectarios, ata a sus miembros entre sí, pues se considerarán eternos compañeros
de viaje en el tiempo siempre unidos a través de la Historia.
Por lo tanto, la ideología de la reencarnación les ha venido como
anillo a dedo a las sectas por lo que puede llegar a reforzar la unión entre
sus miembros. Tampoco es
infrecuente que se visualicen en sus regresiones lazos familiares entre ellos
en otras vidas. Si me piden que
levante acta de las personas que se han declarado familiares míos en otras
vidas, no sería capaz de hacerlo debido a su elevado número.
Claro está que si ahora alguien viene diciéndome que es un antiguo
primo mío, que convivió conmigo allá por el medievo, y que le devuelva los
maravedíes de oro que me prestó por aquella época, no puedo sino tomármelo
a broma. Pero no es una broma.
La persona novata en estas lides, o aquella que lleva años creyendo en
la reencarnación sin realizar minuciosos análisis comparativos, se cree a
pies juntillas todo lo que le dicen y todo lo que visualiza.
Y es realmente impresionante recibir la noticia de que una persona, a
la que no conoces de nada, haya sido tu padre en tu vida pasada, o tu madre o
tu hermano o tu cónyuge; y a
partir de ahí no es difícil imaginarse todo tipo de manipulaciones
emocionales que se pueden realizar sobre quienes practican esta creencia.
Veamos
otros ejemplos: Cuando no le caes
muy bien a alguno de los miembros de este tipo de sectas, enseguida visualizará
alguna faena que le hiciste en otra vida, y así tendrá un pretexto más que
suficiente para desahogar su furia contra ti.
Él dirá que se siente iracundo contigo por aquello que le hiciste en
el siglo quince; pero la verdad es que esa historia no es otra cosa que un sueño
de su mente, mejor dicho: una pesadilla, producto de sus oscuras pasiones.
Y,
cuando la situación se produce a la inversa, no es menos molesta:
Se te puede acercar una persona a la que le caes muy bien, pero a la
que no conoces de nada, con intenciones de intimar contigo, con el pretexto de
que en la pasada vida fuisteis familiares muy íntimos o incluso cónyuges.
Claro, como esa visión la ha tenido él, o ella, siguiendo un método
infalible, o le ha sido revelada por uno de los importantes videntes del
grupo, uno no puede por menos que callarse.
Lo malo es cuando esa persona, por haber sido tu cónyuge en otra vida,
por ejemplo, se siente con el derecho de continuar siéndolo en ésta.
Incluso te puede llegar a decir que fuisteis Romeo y Julieta, y se
siente con pleno derecho a pedirte que continuéis vuestra vieja historia de
amor que la Historia se empeñó en truncar.
Si estas libre de compromiso, y esa persona te resulta agradable para
vivir una aventura amorosa, adelante, no hay problema para vivir la fantasía,
pero si tienes ya una pareja con la que no deseas romper, o la persona que te
hace la proposición esotérico-sexual te cae gorda, la situación puede ser
bastante embarazosa y molesta.
Esto
parece un chiste, pero no lo es. Nos
sorprenderíamos del elevado número de personas que se creen la reencarnación
de Romeo o de Julieta.
Insisto
en que estas creencias resultan muy impresionantes para quien se inicia en
ellas, además de ser un método de seducción y de captación de adeptos.
Es habitual que al recién llegado a la secta se le convenza de que es
la reencarnación de alguien importante, con facultades extraordinarias, un
histórico personaje relacionado con la vía espiritual que siga la secta.
Si se practica el chamanismo indio americano, te pueden decir que eres
Toro Sentado, porque te han visto, los videntes, en el pasado, en la estepa
americana junto a Caballo Loco. Pero
si la secta practica las creencias tibetanas, los videntes te verán en el
siglo doce caminado por las heladas cumbres del Himalaya como algún
importante lama. Y así podríamos
continuar hasta el infinito. La
persona a la que le comunican semejantes noticias, por un lado se siente
sorprendida, pero por otro se siente halagada, engrandecida, seducida por la
idea de ser alguien importante, pues rara vez se le dirá que es una
reencarnación vulgar, ya que el hecho de estar en esa secta, formada por
“elegidos”, justifica que sea una reencarnación importante destinada a
continuar la obra que inició siglos atrás.
Muy
a menudo, para descubrir este tipo de engaños, es necesario andar durante
bastantes años por los caminos esotéricos, cambiar de grupos sectarios y no
cesar de investigar al respecto. Tengamos
en cuenta que la teoría de la reencarnación está basada en religiones
orientalistas de gran prestigio, y existen abundantes escrituras antiguas y
modernas destinadas a apoyar la veracidad de esta creencia.
Incluso se estudia en universidades de países donde abundan los
creyentes en la reencarnación, y donde se demuestra mediante minuciosos
estudios la veracidad de esta teoría. Por
nuestra parte solamente añadir, como ya venimos diciendo, que toda realidad
virtual espiritual afecta muy directamente a nuestra realidad, y que en todos
los casos es muy fácil encontrar señales en nuestro mundo de lo que creemos
sucede en el otro.
Insisto
en que la reencarnación no se trata de otra cosa que un sueño esotérico.
Cuando ya uno se ha cansado de vivirlo, y se ha aburrido de creerse ser
extraños personajes del pasado, entonces se despierta y se vuelve a ser la
persona normal que siempre se ha sido en el presente.