Sin riesgo a equivocarnos, podríamos decir que las iniciaciones son los rituales más importantes del mundo de las sectas. En ellos se condensa lo más exquisito y poderoso de la atmósfera sagrada que los dirigentes, los grupos o las religiones, son capaces de generar. Habitualmente provoca en el acólito un impacto emocional causado por algún tipo de percepción extrasensorial, aunque en muchos casos se llegan a realizar rituales de iniciación que son meros formalismos sin apenas vivencias extraordinarias. Lo más habitual es que en tan importantes rituales se provoque la videncia gracias a la borrachera mística, y se inicie al discípulo en la maestría de contactar con las realidades virtuales espirituales ―en las que se crea― y en sus personajes.
Las iniciaciones son tan viejas como el mundo. En las tribus son los rituales de iniciación los que marcan las diferencias entre sus miembros. Es a través de un ritual cómo el niño se convierte en hombre, y cómo el hombre se convierte en cazador o en guerrero. Hasta que nuestra civilización no separó el sexo y la violencia de lo sagrado, nuestros antiguos ―y en actuales tribus sin civilizar― incluían en sus iniciaciones religiosas tanto a la sexualidad como a la violencia, dos importantes pulsaciones en todo ser vivo, en las que los seres humanos podemos ser iniciados. Aunque, si no tenemos maestros que nos inicien en esas lides, nosotros solitos nos iniciamos de todas maneras. Nuestras primeras vivencias sexuales ―por ejemplo― marcan nuestras preferencias en la búsqueda del placer. Y las iniciaciones espirituales marcan el futuro por donde vamos a caminar espiritualmente en la vida. Esto nos puede dar una idea de la importancia de las iniciaciones en la vida espiritual del hombre. Una fantasía sexual vivida en los inicios del despertar de la sexualidad, será una fantasía que nos proporcionará una intensa vivencia durante toda nuestra vida. Y una fantasía espiritual, como puede ser sentir la presencia de un dios y su realidad virtual particular, vivida en los inicios del despertar de la conciencia a la divinidad, será una fantasía que nos proporcionará vivencias espirituales de por vida.
Para que nos hagamos una idea de la importancia de las iniciaciones y del elevado grado de adicción que generan, no tenemos nada más que observar nuestro grado de adicción al tipo de sexualidad en el que nos iniciamos en la adolescencia, y lo difícil que resulta cambiar ese costumbrismo por otro.
En nuestra civilización, con todo lo listos que somos, y a pesar de la importancia de este proceso adictivo, apenas se estudian las iniciaciones espirituales y sus consecuencias. Conocemos la inmensa cantidad de fantasías sexuales que pueden vivir las personas, pero no tenemos ni idea de la inmensa cantidad de fantasías espirituales que vive y puede llegar a vivir el ser humano. Sabemos casi todo sobre la iniciación de nuestra sexualidad, pero no sabemos apenas nada sobre la iniciación de nuestra divinidad. Y esta ignorancia la llevamos pagando muy cara a lo largo de toda nuestra Historia.
La libertad religiosa no nos ha aportado progreso al respecto, las gentes se inician en las vivencias de la divinidad tal y como lo hemos hecho siempre, por dogmático decreto divino, sin permitir que la razón aporte la inteligencia necesaria para empezar a cambiar las cosas.
La proliferación de sectas
en Occidente únicamente nos ha aportado una gran variedad de iniciaciones en
las vivencias de la divinidad.
Es inmensa la diversidad de rituales que podemos llegar a conocer hoy
en día, iniciaciones en la adicción de las fantasías esotéricas o
sencillamente espirituales. Cada
secta, religión, gurú o chamán, tiene las suyas totalmente diferentes de
las demás. Incluso un mismo
ritual de iniciación, como puede ser el bautismo, difiere tremendamente según
sea tratado por una religión u otra, por una secta u otra.
Tan notable es la diversidad de iniciaciones existentes que muy a
menudo se utilizan otros calificativos, para denominar los rituales iniciáticos,
con la intención de diferenciarlos de los demás.
Sesión de apertura de la mente, tomar el conocimiento supremo, abrir
los chacras, tomar los sacramentos, apertura del tercer ojo, recibir al espíritu
santo, despertar de la conciencia..., son otras formas de llamar a las
iniciaciones.
En
la mayoría de los casos, cada iniciación da paso a un tiempo de
experimentación posterior. El
discípulo deberá de ir desarrollando su espiritualidad con la herramienta
que se le ha dado, o caminando en la nueva vía espiritual que se le ha
abierto. Y transcurrido ese
tiempo, ya madurada la enseñanza esotérica, se suele dar paso a una nueva
iniciación.
Existen
iniciaciones que sólo se dan una sola vez en la vida.
Volvemos a poner de ejemplo al bautismo; aunque sabemos que podemos
bautizarnos tantas veces como queramos con solamente cambiarnos de religión o
secta cristiana, porque cada una de ellas anula los bautismos anteriores.
Hay
vías espirituales que representan los pasos que se dan en las iniciaciones
mediante cámaras. A medida que
el acólito avanza en su evolución espiritual, cada iniciación le hará
pasar a una nueva cámara, y así progresará durante su vida, yendo de
habitación en habitación, hasta llegar a las más recónditas profundidades
donde se encuentran las cámaras más secretas de las enseñanzas esotéricas,
donde se escenifican las realidades virtuales espirituales más profundas.
Habitaciones virtuales repletas de deidades y de fuerzas, envidia de
los más sofisticados vídeo juegos informáticos, donde el estudiante deberá
de vérselas con las representaciones del mal, aunque no le faltará para ello
la ayuda de las representaciones de las fuerzas del bien.
Si
la vía es afiliada al chamanismo, el aprendiz de brujo penetrará en los
escenarios animistas ayudándose a menudo con alucinógenos.
Si la vía es afiliada al yoga, al estudiante se le darán las secretas
técnicas yoguis que deberá de utilizar a lo largo de su vida para crecer
interiormente. Si se trata de una
religión más basada en las creencias que en las vivencias, se recibirán las
iniciaciones como supuestas gracias divinas que presumiblemente ayudaran en el
caminar por la vida, aunque para creérselo haga falta tener bastante fe.
Los
elegidos para ser iniciados pueden ser aquellos que les corresponde por la
edad, por sus méritos, o, sencillamente, porque el iniciador ya las considera
preparadas para alcanzar el estado propicio para recibir las buenas nuevas.
Porque
hemos de tener en cuenta que para toda iniciación hacen falta la persona que
vaya a ser iniciada y un iniciador. Los
iniciadores pueden ser los dirigentes de la secta, o aquellos a quienes ellos
hayan designado como sus representantes; pueden ser los sacerdotes de la
religión, o en muchos casos grandes mediadores ya muertos que desde el otro
mundo tienen la bondad de arrimarse por aquí y derramar sus gracias sobre los
pobres mortales.
El
iniciador mortal no suele darse todo el mérito de las gracias derramadas en
el ritual, casi siempre se presentará como gran benefactor de la iniciación
al espíritu santo, al dios supremo o a la energía sagrada que se utilice.
Son
tan importantes las iniciaciones en las vías espirituales que el conocimiento
que enseñan se suele considerar absoluto, el regalo más exquisito de los
dioses, “único”. Por lo que,
siguiendo con nuestro empeño en desmitificar exclusivismos, aconsejamos a
todos los viandantes sectarios tomar iniciaciones en más de una vía
espiritual. No para acumular
medallas, como hacen algunos, y acabar poseyendo un importante curriculum
espiritual para después venderse al público, sino para realizar un
interesante análisis comparativo entre diferentes iniciaciones.
Así se descubre que ese conocimiento iniciático, aunque se enseñe
como definitivo y absoluto, es un conocimiento parcial e incompleto, que
solamente suele asomarnos a una parte de nuestro interior, mostrarnos una cara
de la divinidad o asomarnos a una de tantas realidades virtuales espirituales.
Creerse
la exclusiva divinidad de las iniciaciones viene en unos casos apoyado por la
tradición, y en otros, especialmente en las sectas, porque en los rituales de
iniciación se consiguen atmósferas sagradas especialmente densas, lo que da
una exclusiva credibilidad a las fantasías.
En mi opinión son los gurús orientales quienes, al ser expertos en
manejar la atmósfera sagrada, más impacto causan en sus adeptos cuando los
inician en sus especiales rituales de meditación o en cualquier otro ritual
esotérico.
No
voy a negar la importancia que en mi vida han tenido y siguen teniendo las
iniciaciones que he recibido en mi caminar por el interior de las sectas.
Emocionalmente, algunas apenas me despertaron sentimientos especiales,
sin embargo, otras me despertaron tanto amor que las lagrimas no cesaban de
caer por mis mejillas. Otras se
me concedieron como dulces regalos en el caminar espiritual, y otras me fueron
dadas como condecoraciones o títulos sin mas importancia.
Y respecto a aquellas que me hicieron percibir lo extrasensorial, nunca
les presté gran interés, aunque las percepciones extrasensoriales me
indujeran sueños esotéricos con cierto grado de realidad.
Si una divinidad se presentaba en mi mente, para derramar sobre mí sus
gracias, lo disfrutaba; pero, como sabía que esas representaciones varían
según las creencias, tarde o temprano la falta de fe terminaba por borrarme
la gozosa imagen de la conciencia.
No
voy a ocultar que ―como casi todos los caminantes sectarios― busqué
en las iniciaciones tesoros preciosos, grandes descubrimientos espirituales,
pues anhelaba que me enseñaran a andar por los cielos.
Hubo ocasiones que imploré alguna que otra iniciación que se me
antojaba o intuía llena de gracia divina.
Aunque
en estos últimos años de mi vida haya despachado a todos los dioses de mi
conciencia, incluso al dios infinito, no puedo negar que continúo utilizando
esporádicamente, cuando el cuerpo o el alma me lo pide, algunas de las técnicas
o recursos iniciáticos que aprendí para potenciar la divinidad que todo ser
humano puede vivir; pero sin
necesidad de creerme los dogmas que envuelven a toda iniciación.
Si hoy en día sabemos que la lluvia no nos la proporcionan los dioses,
y la recibimos como quien oye llover, dando gracias porque debido a ella
nuestras tierras puede llenarse de vida; realizando un tremendo esfuerzo por
intentar dejar de ser prehistórico, permito que la gracia divina caiga sobre
mí sin pensar en que sea un regalo de los dioses.
No sé de dónde viene, pero, no por ello voy a inventarme su
procedencia, por muchas ganas que me vengan de imaginarme a una santa
divinidad volcando su cuenco de gracias sobre mí.
Me siento agradecido por la calidad que la divinidad da a mi vida, pero
hasta que no sepamos a ciencia cierta de dónde viene o cómo se genera en
nosotros, me limitaré a disfrutarla.
Las iniciaciones que he recibido han marcado mis hábitos de vivir lo
sagrado. En cada iniciación se
me concedió un rumbo a seguir hacia el bienestar interior.
Doy gracias por todas ellas a los iniciadores que me las dieron, porque
cambiaron mi vida en un sentido positivo, me hicieron más feliz y me siguen
proporcionando bienestar. Ya su
vez pido disculpas por no creerme casi nada de todo lo que sobre ellas me
dijeron. Las herramientas, aunque
sagradas, para mí son solamente eso: herramientas.
Brújulas que siguiendo su dirección marcaron el rumbo de mi vida.
Las
iniciaciones son unos de los más importantes indicadores del rumbo en los
caminares espirituales, pero hay otros más.