Cuando la sanación se realiza en al dimensión espiritual es porque se
considera la enfermedad del cuerpo como un reflejo de la enfermedad del alma,
en muchos casos producida por algún maligno espíritu que se intentará
expulsar de la víctima enfermiza. Sanaciones
que se están haciendo muy populares por realizarse a menudo en agrupaciones,
con gran alboroto emocional, durante los rituales religiosos que las acogen.
El principal cuidado que hemos de tener, si hemos escogido este tipo de
sanación, es en las etapas previas a la curación, cuando se nos está
diagnosticando el mal que tenemos; porque
como se nos diagnostique que nuestra enfermedad es producida por un terrible
demonio, es posible que al sacarlo de nuestro cuerpo nos saquen también a
nosotros. Se están dando casos
de exorcismos realizados por “sanadores” con resultado de la muerte del
paciente. Auténticas carnicerías,
baños de sangre realizados por chapuzas exorcistas, que destrozan el cuerpo
del paciente al hurgar brutalmente en él en busca de un demonio que
probablemente ni existe.
Toda secta achaca sus males a las fuerzas maléficas del inframundo.
Idea muy peligrosa cuando se cree que esas fuerzas están encarnadas en
algún individuo o grupo de individuos, pues se emprenderá una guerra santa
contra ellos. También es típico
que las sectas se mantengan en una lucha constante contra los estamentos
sociales que ostentan el poder calificándolos de demoniacos, incluso países
con cierta tradición religiosa pueden emprender una guerra contra otros países
de diferentes creencias por considerarlos nidos de fuerzas satánicas.
Estas aptitudes agresivas son muy peligrosas, han sido siempre la causa
de terribles guerras.
Y, como todavía la ideología exorcista continúa vigente en los
ambientes espirituales de los países desarrollados, su peligrosidad
permanece, porque, aunque nuestras leyes y sistema policial ya no permitan
guerras santas entre grupos, sí que se permite la sanación de cariz
exorcista practicada por aquellos sanadores que creen que esas fuerzas o esos
demonios se han encarnado en una persona.
Lo que permite iniciar terribles procesos de exorcismo que en ocasiones
han terminado matando a la persona afectada.
Cierto es que los casos extremos con resultado de muerte se dan en
contadas ocasiones, pero no está de más no bajar la guardia si estamos
llevando a efecto algún tipo de terapia espiritual con connotaciones
exorcistas. Si nos hemos metido
en un proceso de curación semejante y vemos que están desarrollándose los
acontecimientos como acabo de exponer, antes de llegar al fatídico final, hay
que abandonar la trágica terapia. Y
si la persona o personas que nos están tratando insisten en sacarnos el mal
del cuerpo en contra de nuestra voluntad, no se debe dudar ni un momento en
acudir a la policía. Más vale
vivir con un demonio a cuestas que no vivir; porque lo más probable es que el
demonio no exista sino en la mente de aquellos que lo necesitan para seguir
manteniendo su profesión de sanadores exorcistas.
Cuando
un personaje o personajes se escenifican en la realidad virtual espiritual de
una religión u otra vía espiritual es porque, habitualmente, les da cuerpo
algún tipo de fuerza psíquica o situación especial muy humana.
Podríamos decir que el dios benevolente que reina en nuestra
civilización encarna ciertas fuerzas positivas del hombre, y el demonio
fuerzas negativas. El exorcismo
se produce cuando estas dos fuerzas opuestas del hombre se encuentran, y las
fuerzas del bien intentan imponerse a las fuerzas del mal.
Entonces se produce una resistencia al cambio.
Los seres humanos tenemos aspectos del bien y del mal en nuestro
interior en un equilibrio inestable, en pugna constante.
Cuando una persona se sumerge en una experiencia de lo sagrado, si lo
hace bruscamente, sin seguir un proceso lo suficientemente lento como para
asimilarlo con naturalidad, vivirá una crisis de rechazo hacia el nuevo
estado interior, que incluso podrá ser convulsiva.
Entonces tendremos lo que llamamos un exorcismo.
En este estudio estamos denunciando el error que supone creer que son
reales los personajes o fuerzas espirituales, pero no los estamos considerando
creaciones banales de la mente humana, como ocurre muy a menudo, incluso por
algunos profesionales de la psicología, que llegan a afirmar que tanto dios
como el diablo son creaciones de la imaginación del hombre para quitarse
culpas y eludir responsabilidades, sin más consecuencias.
Nosotros
nos inclinamos por pensar que los personajes de las realidades virtuales
espirituales son producidos por impulsos psicológicos muy profundos y muy
reales, no por banales caprichos de fantasía.
El que no hayamos llegado todavía a conocerlos en profundidad, no nos
da derecho a negar la realidad que esconden.
Sabemos que el dios del rayo fue una creación de la mente religiosa
del hombre prehistórico; pero, aunque el rayo no sea un dios, continúa
achicharrando a todo el que le cae encima.
Nuestro
desarrollo científico nos ha permitido reconocer que las propiedades místicas,
que nuestros antiguos atribuían al dios del rayo, no son sino producto de su
ignorante imaginación calenturienta; sin embargo, las propiedades físicas
continúan vigentes, y continuarán siéndolo mientras sigan cayendo rayos
sobre la tierra. Con esto quiero
decir que tras cada creación de entidad o circunstancia de los mundos
virtuales espirituales, se esconde una realidad que no podemos ignorar aunque
no la hayamos reconocido científicamente.
A mi entender, está más cerca de la verdad aquel que cree en dios o
en el diablo que quienes piensan que tras ellos no hay nada.
A estas entidades virtuales las han creado unas pulsaciones psicológicas
o espirituales de indudable fuerza e importancia.
Que no las conozcamos científicamente, no quiere decir que no existan.
Estamos de acuerdo en que las realidades virtuales espirituales y sus
personajes son creaciones de la mente humana, ¿pero qué hay detrás de esas
creaciones?, ¿qué impulsos
psicológicos les dan vida?
No hay otra forma de responderse a estas preguntas que reconociendo las
vivencias espirituales puras. Algo
que podemos conseguir observando cómo se produce en nosotros el proceso de
atribuírselas a diferentes personajes o a diversas características de los
mundos espirituales.
Este análisis comparativo, antiguamente, no era apenas posible
llevarlo a efecto, pues las personas espirituales, no tenían otra opción de
desarrollar su espiritualidad que en la religión dominante del país donde
hubieran nacido. Pero, en la
actualidad, una persona puede obtener vivencias religiosas semejantes en el
seno de diferentes credos, lo que le permite separar por un lado la misma
vivencia de lo sagrado y por otro lado las distintas creencias religiosas que
la envuelven. Algo que nos
permite comprobar que una misma vivencia puede estar representada virtualmente
de muchas formas en las diferentes realidades virtuales espirituales que
puedan existir. Lo que nos hace
sospechar que la vivencia es algo real, mientras que la creencia en el
personaje, o circunstancia virtual donde podemos asentarla, son creaciones de
la mente, pues varían de una realidad virtual a otra, según la religión o vía
espiritual que estemos siguiendo.
Y como hemos sido capaces de llegar a conocer la auténtica naturaleza
del rayo y a descartar todas las falsas elucubraciones mentales que el hombre
antiguo hacía sobre él, quizás algún día seamos capaces de llegar a
conocer la auténtica naturaleza tanto de dios como del diablo, después de
descartar todas las abundantes y falsas elucubraciones mentales que el hombre
ha hecho siempre sobre ellos.
A las personas que nos ha tocado experimentar a dios y al diablo, en
diferentes métodos de realización espiritual o religiones, nos cuesta menos
separar la experiencia de la creencia que a las personas que se mantienen en
una creencia de por vida. He
llegado a conocer tantas personificaciones de manifestaciones divinas y demoníacas
que, ya instintivamente, no les doy gran importancia a estos personajes
virtuales, mi interés se centra en la esencia que ellos representan y
transmiten, y en nuestra capacidad de gozar lo divino o en nuestra fatalidad
de sufrir lo demoníaco.
El exorcismo es el resultado del choque de estas dos tendencias humanas opuestas entre sí. A medida que seamos capaces de observarlas en esencia, y de controlar su manifestación en nosotros, irá desapareciendo la teatralidad dramática que habitualmente envuelve a este tipo de sanaciones. Existen vías de realización espiritual y maestros o gurús que son capaces de enseñarte a sumergirte en lo sagrado sin necesidad de desmayos, ni de ataques epilépticos. Su capacidad de iniciarte en el conocimiento de lo divino es de suficiente calidad como para que en el seno de su enseñanza no se produzcan extraños aspavientos sensacionalistas de grandes exorcismos.
Un exorcismo es también consecuencia de un elevado grado de relajación
conseguido de forma excesivamente rápida que la paz divina puede producir en
el individuo que la experimenta. Como
comenté en el capítulo de la relajación, relajarse es liberar las tensiones
inconscientes y los impulsos psicológicos que las produjeron.
Toda vivencia intensa de lo sagrado implica una profunda paz, una
profunda relajación, de esta forma nos liberamos de todo aquello que no
aceptamos de nosotros, abrimos la caja de Pandora, y los impulsos psicológicos
reprimidos que generan las tensiones inconscientes pueden tomar forma en las
realidades virtuales espirituales en forma de demonios, que al expulsarlos tan
rápidamente de nuestro cuerpo armarán la marimorena.
Si la paz divina experimentada es de suficiente calidad, penetrará en
nosotros progresivamente y podremos asimilarla, a la vez que nos ayudará a
integrar todo lo reprimido que desprende de nosotros, sin producirnos las
escandalosas crisis típicas del exorcismo muy difíciles de digerir.
Muchas personas han escogido el exorcismo como sanación por el
sensacionalismo que encierra. Las
indudables fuerzas esotéricas, que se manifiestan durante un exorcismo,
alimentan la fe en aquellos creyentes que se dejan deslumbrar por las
convulsiones físicas que puede producir el impacto de lo sagrado arrojado
violentamente sobre los individuos.
Para
concluir este capítulo, solamente recordar que un auténtico crecimiento, ya
sea físico o espiritual, siempre se produce de forma imperceptible.
Todo lo demás es un espectáculo circense atractivo para
aquellas personas que creen en las ilusiones de los magos de las
realidades virtuales espirituales.