Desde los orígenes de la Historia el hombre no ha cesado de intentar
adivinar lo que le deparaba el futuro. No
había civilización antigua que no contara entre sus individuos con algún
brujo o adivino, con alguna pitonisa, o con profetas o clarividentes que se
dedicaran a predecir lo que se avecinaba.
Y cuando ciertas religiones intransigentes alcanzaron un gran poder
social, persiguieron y castigaron a los adivinos incluso con la muerte,
solamente consiguieron que se continuase con las prácticas esotéricas de
adivinación en la clandestinidad. La
persistente curiosidad que el hombre siempre ha tenido por conocer el devenir
de los acontecimientos, ha permitido que lleguen hasta nuestros días un gran
número de rituales adivinatorios ancestrales.
Actualmente, entre los más famosos, tenemos las cartas del tarot y la
lectura de las manos. Otros que
se usaron bastante hasta hace poco fueron la famosa bola de cristal y los
mensajes de algún médium en trance a viejo estilo de la sacerdotisa del oráculo
de Delfos.
Existen
otras muchas formas de predecir el futuro que no nos vamos a detener ni en
mencionar, pues no creo que tenga demasiada importancia el sistema que se siga
para practicar la adivinación. Los
soportes físicos sobre los que se realizan estas artes esotéricas, ya sean
unas cartas o una bola de cristal, son un mero pretexto para llevarlas a cabo.
La esencia del trabajo adivinatorio la lleva la persona que lo realiza,
indistintamente del método que utilice.
Aclarar
también que aunque estamos hablando de artes de la adivinación, en realidad
no son tales, ya que si lo fueran habrían terminado hace mucho tiempo con los
diferentes juegos de azar y loterías de todo el mundo, pues hubiese sido pan
comido llevarse los primeros premios de estos juegos o sorteos a los
profesionales de la adivinación si en realidad fueran adivinos.
Todavía
no conocemos forma alguna de saber el futuro con precisión matemática.
Podemos hacer cálculos de probabilidades para aproximarnos a dar en el
clavo, pero sin lograr exactitud alguna.
Algo que también sucede cuando se trata de adivinar el futuro de una
persona o grupos de personas. Por
todo lo que llevo observando por estos caminos de lo esotérico, he llegado a
la conclusión de que estas predicciones las realiza el profesional de la
adivinación ―indistintamente del método que utilice, repito―
efectuando a un nivel inconsciente un cálculo de probabilidades de futuro.
Digamos que a través de sus sentidos extrasensoriales observa hacia
donde se dirige esa persona que le ha encargado le aclare su futuro, lee en la
mente de su cliente las circunstancias más importantes que le rodean y las
fuerzas y directrices que van a determinar su destino, y de esta forma predice
su futuro; es como si la mente inconsciente del adivino se pusiera en contacto
con la mente inconsciente de la persona que hace el encargo de la adivinación
y obtuviera así sus conclusiones, reveladas a través de la lectura e
interpretación del soporte físico que se utilice para la adivinación, ya
sean unas cartas o una bola de cristal. Y
cuando se trata de adivinar el devenir de un grupo o sociedad, el intuitivo
inconsciente del futurólogo realiza ese cálculo de probabilidades observando
el inconsciente colectivo de ese grupo o sociedad.
Por
lo tanto, la función de la persona que práctica este tipo de adivinaciones
es esencial, el nivel de su inteligencia intuitiva irá en proporción con sus
éxitos, y las limitaciones de su conocimiento irán en proporción con sus
fracasos. Esto hemos de tenerlo
siempre en cuenta, incluso cuando nos encontremos ante complejos cálculos
astrológicos. El ser humano es
de una complejidad asombrosa, y todo este tipo de adivinaciones de su futuro
no suelen incluir en sus cálculos de probabilidades a toda la gama de
factores que el ser humano puede estar viviendo.
Las predicciones se realizan en las dimensiones más comunes humanas,
como son la económica, emocional, relaciones, salud, etc.
Pero existen otras, como las derivadas de la espiritualidad, que se le
escapan al adivino, pues es imposible que llegue a conocer en toda su vida las
infinitas vivencias que puede experimentar el alma humana.
Con esto quiero decir que habitualmente una predicción de futuro se
realiza basándose en cálculos de probabilidades de magnitudes básicas
conocidas de los seres humanos. Pero
como todavía existe mucho por descubrir de nosotros, serán esas facetas
desconocidas las que acaben haciendo fracasar la exactitud de las predicciones
del más adivino entre los adivinos.
Los videntes del futuro más atrevidos, en su esfuerzo por perfeccionar
el mapa de las magnitudes que influyen sobre el destino del ser humano,
incluyen en sus cálculos de probabilidades a ciertas fuerzas ocultas del
hombre que ellos han llegado a conocer bien a base de creer en ellas y de
vivirlas; pero en vez de que sus predicciones se perfeccionen con su aportación
esotérica, lo que suele suceder es que éstas acaban muy influenciadas por
esas mismas propiedades ocultas que han desarrollado, lo que les lleva a
cometer todavía errores mayores en sus predicciones de futuro.
Esto es semejante a lo que sucede cuando las predicciones se realizan
en el seno de las realidades virtuales espirituales, mundos imaginados donde
sucede todo lo importante que le puede suceder al ser humano, para el creyente
en ellos, naturalmente. Lo malo
es que para quien no cree en ellos, su influencia es prácticamente nula e
inservible para predecir su futuro.
Entre
este tipo de vaticinios místicos sobre el destino que nos aguarda podríamos
distinguir a los optimistas, que nos pronostican un futuro lleno de luz y de
felicidad por la futura victoria de dios sobre las fuerzas de las tinieblas; y
a los pesimistas, que serían los partidarios de los tradicionales vaticinios
de las catástrofes apocalípticas. Este
tipo de predicciones son las que más abundan en el seno de las sectas,
entremezclándose muy a menudo los vaticinios optimistas con los pesimistas,
mostrándonos un futuro medio feliz y medio trágico, donde las catástrofes
se suceden a la vez que de ellas son salvados los elegidos y transportados a
un mundo feliz.
En próximos capítulos nos centraremos más en el estudio de estas
intentonas de predecir el futuro, e indagaremos en las fuerzas o intereses que
influyen en las predicciones.